domingo, 18 de enero de 2015

Día 13 de Enero se celebra san Hilario, obispo de Poitiers, (368) Y Memoria de San Felix, Mártir.

Día 13 de Enero se celebra  san Hilario, obispo de Poitiers, (368)


Este ilustre obispo de Poitiers lucho acérrimamente contra la herejía arriana que negaba entre otras verdades la divinidad de Jesucristo. Padeció por ellos duras pruebas y persecuciones y un  largo destierro. De sus numerosos escritos los más notables son los doce libros de la Santísima Trinidad.

San Félix: oriundo de Nola en Italia, padeció terribles persecuciones por la fe cristiana, si bien sobrevivió a odas las tormentas  (+ 256). Su sepulcro es muy visitado y desde el reparte el santo innumerables beneficios. 
 Memoria de San Felix, Mártir.

Sta. Mártir Tatiana y Compañeros, en Roma (+ c. 230)

12 de enero         33º desp. de Pentecostés
Domingo de Zaqueo
Sta. Mártir Tatiana y Compañeros, en Roma  (+  c. 230)
Posfiesta de la Teofanía

Elección Sinodal de Kyr Liubomyr Husar como Patriarca de la IGCU (2001)   Apostol: 1 Tim. 1,4 – 9,15. Evangelio según San    Lc. 19, 1 – 10. Tono:    8º. Grado: (sem 33ª)    6ª

Santa Tatiana de Roma, Diaconisa Mártir
Enero 12



Patrona de los Estudiantes
Santa Tatiana fue una mártir cristiana del siglo III en Roma durante el reinado del emperador Alejandro Severo. Fue una diaconisa de la iglesia naciente.

De acuerdo a la leyenda, fue hija de un servidor público romano quien era secretamente cristiano, educó a su hija en la fe y llegó a ser diaconisa de la iglesia. Esto era peligroso y, un día, el jurista Ulpiano capturó a Tatiana y le forzó a rendir sacrificios a Apolo. Tatiana oró y milagrosamente, un terremoto destruyó la estatua de Apolo y una parte del templo pagano.

Tatiana fue vendada en los ojos y golpeada durante dos días, antes de ser llevada al circo y ser lanzada en medio de una jaula con un león hambriento. Pero el león no la tocó y se echó a sus pies. Esto enfureció al jurista y resultó en una sentencia de muerte.

Después de ser torturada, Tatiana fue decapitada con una espada el 12 de enero (calendario Juliano, 25 de enero del calendario gregoriano), alrededor del 225 o 230 d. C.

10 de enero San Gregorio de Nisa (+ c. 394) Posfiesta de la Teofanía.

10 de enero   San Gregorio de Nisa  (+ c. 394)



Posfiesta de la Teofanía.
Apóstol.
1Pe. 1,1– 2.
10– 12.
2,6 – 10
Evangelio:
Mc. 12,1 – 12
Tono: 7º (sem 33ª). Grado: 6ª.
Carácter:
Ayuno Leve
Forma parte de los tres “capadocios” (San Basilio “el Grande, San Gregorio “el Teólogo” y San Gregorio de Nisa), su padre se llama San Basilio el Viejo y Santa Emelia.



10 de enero
Nuestro Santo Padre Gregorio, obispo de Nisa (395)
"San Gregorio, el hermano menor de Basilio el Grande, considerado en el habla y un fanático de la fe ortodoxa, nació en el año 331. Su hermano Basilio fue animado por su hermana Macrina a preferir el servicio de Dios a una carrera secular (ver 19 de julio), San Gregorio fue trasladado de manera similar por su piadosa madre Emily, quien, cuando Gregory era todavía un hombre joven, le imploró a asistir a un servicio en honor a la santa cuarenta mártires en su retiro en Annesi en el río Iris . San Gregorio entró en la orden de su madre, pero cansado del viaje, y sintiendo poco entusiasmo, se quedó dormido durante el servicio. Los cuarenta mártires entonces se le apareció en sueños y le amenazaba y le reprochaba su indolencia. Después de esta se arrepintió y se volvió muy diligente en el servicio de Dios. Él llegó a ser obispo en el año 372, y debido a su ortodoxia fue exiliado en el 374 por Valens, que estaba en una mente con los arrianos. Después de la muerte de Valente en el año 378 fue llamado a su trono por el emperador Graciano. Asistió al Consejo Local de Antioquía, que lo envió a visitar las iglesias de Arabia y Palestina, que había sido profanado y devastado por el arrianismo. Asistió al Concilio Ecuménico, que se reunió en Constantinopla en el año 381 . Después de haber vivido unos sesenta años y dejó muchos escritos notables, que reposaba sobre el año 395. Los actos del Séptimo Concilio Ecuménico llamarlo "Padre de los Padres." ( Gran Horologion ) En el  reposo de san Meletios san Gregorio de Nisa dio su oración fúnebre, lamentándose: "Nuestro Elías se ha alcanzado, y Eliseo no se queda atrás en su lugar."

19 de julio San Macrina, hermana de San Basilio el Grande y San Gregorio de Nisa (380)

 Ella era buscada como una novia por muchos debido a su excepcional belleza y sabiduría, así como su noble cuna.  Ella estaba comprometida en una edad joven, y cuando murió su prometido, ella se negó a considerar pretendientes más, diciendo que, dado que su prometido estaba viva en Cristo, que no era justo para ella a su vez a otro.  En su lugar se dió la vuelta a una vida de virginidad, lucha ascética y la oración.  Ella era  una gran influencia para sus hermanos más jóvenes, convirtiéndolos de las cosas del mundo a  la vida monástica.  Se estableció un monasterio y, con su madre, Emilia, se convirtió en una monja.  Ella descansaba en paz en el año 379.  Su hermano san Gregorio de Nisa, celebrada en su honor especial.  Estuvo presente en su muerte y dió un discurso en movimiento en su funeral.  Él describe cómo, en sus últimos momentos, oró así a Dios: "Tú, oh Señor, das descanso a nuestros cuerpos en el sueño de la muerte de un poco de tiempo, y tú les despertará de nuevo con la última trompeta.  Perdóname, y concede que, cuando mi alma se separó de mi cuerpo, puede ser presentado ante Ti inoxidable y sin pecado, y que puede ser como incienso en tu presencia. “Luego se hizo la señal de la cruz en la frente, ojos, cara y corazón, y murió.  El trabajo de San Gregorio en la resurrección de los muertos (disponible en Inglés como Sobre el alma y la resurrección) se lanza en forma de un diálogo entre él y su hermana Macrina en el que está el estudiante serio, pero ignorantes y que el maestro sabio y paciente.  Lo mismo ocurre con los santos honor a los santos. 

11 de Enero Sexto día de la fiesta de Epifanía. Sábado después de Teofanía Sto. Monje Teodosio el Grande

11 de Enero Sexto día de la fiesta de Epifanía. Sábado después de Teofanía
Sto. Monje Teodosio el Grande  (+  529)
Posfiesta de la Teofanía


Nuestro Venerable Padre Teodosio, el Grande, el Zenobita.


Apóstol. 1Tes. 5,14 - 23
 Ef. 6,10 – 17
2 Cor. 4,6 – 15.
Evangelio.
Lc. 17,3 - 10
 Mt. 4,1 – 11
Mt. 11,27 – 30.
Tono: 7º. Grado: 3a
El bienaventurado padre San Teodosio, llamado cenobiarca, que quiere decir padre de muchos monjes, nació en una aldea de Capadocia. Habíase  dado a los estudios, y aún declaraba al pueblo las letras divinas cuando deseoso de la perfección, partió a los santos lugares. En llegando a Antioquía, quiso ver al insigne Anacoreta san Simeón Estilita, el cual inspirado del Señor, le dijo “Teodosio, varón de Dios, seáis bien venido.” Espantóse Teodosio oyendo esta voz, porque le llamaba por su nombre, y porque le honraba con  el titulo varón de Dios. Subió a la columna por orden de san Simeón y echóse a sus pies; oyó sus consejo y todo lo que en adelante le había de suceder; y tomaba su bendición, siguió su camino a Jerusalén, donde adoro y regó con sus lágrimas aquellos Sagrados  lugares de Cristo nuestro Señor que  consagro con su vida y su muerte. Retiróse después a la soledad, y vino a tener tantos discípulos, que labró un gran monasterio, en el cual acogía a los pobres. Aconteció aparejarse en un mismo día cien mesas para darle de comer, y en tiempo de hambre,  como los que tenían a cargo de darles de comer, les cerrasen las puertas, San Teodosio mandó abrírselas y darles a todos lo necesario y el Señor les proveía con tan larga mano que después quedaban las arcas llenas de pan. Era también su monasterio hospital de enfermos a quienes servía y besaba las llagas con grande amor. Había entre sus discípulos hombres ricos y poderosos, militares y sabios, de los cuales salieron muchos obispos y superiores;  de suerte que cuando murió el santo, habían ya fallecido seiscientos noventa y tres de sus discípulos. El emperador Anastasio que aborrecía a los herejes Acéfalos, les envió una buena cantidad de oro para sus pobres: aceptóla y repartióla el santo,  pero escribió al emperador,  que ni el ni los suyos consentirían con los herejes aunque la vida le costase. Fuese luego viejo como era, a predicar sin temor alguno por las ciudades de aquellos herejes que condenaban el concilio de Calcedonia; y subiendo una vez al púlpito, hizo señal al pueblo que callasen y dijo: “El que no recibiese los cuatro concilios generales, como los cuatro evangelios sea maldito y excomulgado. Entonces el emperador  le desterró, pero duró bien poco el destierro, porque  el monarca hereje cayo muerto, herido por un rayo. Y Teodosio volvió de su destierro, glorioso y triunfante. Muchos fueron las obras admirables que hizo este varón de Dios en su larga vida, muchas veces multiplico el pan, anunció el terremoto que asoló la ciudad de Antioquía, y lleno de meritos y virtudes, descanso en la paz del Señor a la edad de ciento cinco años. Honraron su cadáver el patriarca de Jerusalén con otros obispos y multitud de monjes, clérigos y seglares.
Reflexión: Enseñaba el santo a sus discípulos por primer principio de la vida religiosa, que tuviesen siempre la memoria de la muerte presente, y para esto mando hacer su sepultura para que su vista les acordase que había de morir. Aprende tú esta utilísima lección, visitando algunas veces la morada de los difuntos. Allí verás en que paran todas las cosas del mundo, y entenderás cuán necios son, los que pasan en vanidades y locuras el breve tiempo de la vida mortal; y cuan sabios, son  que los emplean en servir a Dios, y alcanzar la vida eterna. Bien miradas todas las cosas, todo el  negocio del hombre se reduce a morir santamente. Mas para ello, haz aquello que quisieras haber hecho cuando mueras.

Oración: Rogámoste, Señor, que nos recomiende la intercesión del bienaventurado Teodosio, abad, para conseguir por su  patrocinio  lo que no podemos lograr por nuestros meritos. Por Jesucristo, nuestro  Señor. Amíñ.

10 de Enero. Nuestro Santo Padre Teófano el Recluso (1894)

Nuestro Santo Padre Teófano el Recluso (1894)




San Teófano el Recluso (1815-1894)

 Sobre el porqué el cristianismo  debe mantenerse inalterable en el siglo. 
Por San Teófano el Recluso
Ha llegado a mis oídos que, por lo que parece, piensan que  mis sermones son  muy estrictos y creéis que hoy en día nadie debería pensar de esta manera, nadie debería vivir así y por lo tanto nadie debería enseñar así,  nada mas lejos de la verdad ¡Los tiempos si han cambiado!
¡Cómo me alegré de escucharlo! Esto significa que escucháis con atención lo que digo, y no sólo lo escucháis, sino que también estáis dispuestos a cumplirlo. ¿Qué más podríamos querer nosotros, que predicamos todo lo que ha sido dispuesto y según nos fué ordenado?
A pesar de todo esto, de ningún modo puedo estar de acuerdo con vuestra opinión y considero que es mi deber comentarla y corregirla. Porqué (aunque tal vez va en contra de vuestra voluntad y convicción) proviene de una fuente pecaminosa; como si el Cristianismo pudiera alterar sus dogmas, sus cánones, sus ceremonias santificantes, para corresponder al espíritu de cada época y ajustarse a los gustos variables de los hijos de este siglo, que pudiera agregar o quitar algo…
Y sin embargo, no es así. El Cristianismo debe permanecer eternamente sin cambios, sin depender en absoluto o guiarse por el espíritu de cada diferente época. Por el contrario, el mismo Cristianismo está destinado para gobernar y administrar el espíritu del siglo para cualquier persona que obedece sus amonestaciones. Para convenceros sobre este tema en cuestión, os referiré algunos pensamientos para que los meditéis.
Algunos dijeron que mi enseñanza es estricta. En primer lugar, mi enseñanza no es mía, ni debe serlo. Sobre esta santa opinión, nadie puede ni debe predicarla como suya propia. Así que, si yo o alguien otro alguna vez nos atrevemos a hacerlo, podéis expulsarnos de la Iglesia.
Nosotros predicamos la enseñanza de nuestro Señor Dios y Salvador Jesús Cristo, de sus Santos Apóstoles y de la Santa Iglesia dirigida por el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, cuidamos en todo lo posible de mantener esta enseñanza intacta e inviolable en vuestras mentes y corazones. Presentamos cada pensamiento y usamos cada palabra con sumo cuidado, con tal de no ensombrecer de algún modo esta brillante y divina enseñanza. Nadie puede actuar de manera diferente.
Una ley tal que defina la predicación de cada uno en la Iglesia para así ser realmente un enviado de Dios, fué establecida desde la creación del mundo y así debe permanecer válida hasta el fin del mundo. El Profeta Moisés, después de la entrega de los mandamientos de Dios mismo al pueblo Israelita, concluyó lo siguiente:«No añadáis nada a lo que os prescribo, ni quitéis nada de ello; antes guardad los mandamientos del Señor, vuestro Dios, que os ordeno» (Deuterenomio 4, 2).
Esta ley de la fidelidad es tan invariable, que el mismo Señor y Salvador nuestro, cuando enseñaba a la gente en la montaña dijo: «No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i, ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido» (Mateo 5, 17-18).
Entonces dio la misma autoridad a su propia enseñanza, antes de interpretar los mandamientos en el espíritu del Evangelio, añadiendo: “Por lo tanto, quien violare uno de estos mandamientos, aún los mínimos, y enseñare así a los hombres, será llamado el mínimo en la realeza de los cielos” (Mateo 5, 19).
Esto significa que cualquier persona que interprete erróneamente los mandamientos de Dios y disminuya su autoridad, será desheredado en la vida futura. Así lo dijo el Señor al comienzo de su predicación. Lo mismo confirmó Él también a San Juan el Teólogo, el espectador de las revelaciones inenarrables, al que le describió el juicio final del mundo y de la Iglesia, refiriendo en el Apocalipsis: “Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguien añade a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descritos en este libro” (Apocalipsis 22, 18 – 19).
Para todo el intervalo de tiempo que transcurre desde Su primera presencia en el mundo hasta Su segunda presencia, Cristo dio a los santos apóstoles y sucesores la siguiente ley: “Id pues, y haced discípulos a todos los pueblos…enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado” (Mateo 28, 19-20).
Esto significa que enseñéis, no todo lo que algún otro fuera capaz de pensar, sino todo lo que Yo os he mandado, y esto hasta el fin del mundo. Y complementa con: “Y mirad que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo” (Mateo 28, 20).
Los Apóstoles recibieron esta ley y sacrificaron sus vidas para cumplirla. Y a aquellos que querían obligarlos a no predicar lo que predicaban, bajo amenaza de castigo y muerte, les respondían: ”Juzgad vosotros si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios. Porque nosotros no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4, 19-20).
Esta clara ley fue entregada por los Apóstoles a sus sucesores, fue aceptada por los segundos y tiene vigencia atemporal en la Iglesia de Dios. Debido a esta ley, la Iglesia es la columna y la base de la verdad. ¿Véis , pues, que invariable fidelidad tiene? Después de esto, ¿quién será tan desvergonzado para tocar tercamente o zarandear cualquier cosa en el dogma y ley cristiana?
A continuación, escuchad qué se nos refiere en el profeta Ezequiel, el cual durante siete días estuvo en éxtasis de oración y después de siete días escuchó la palabra del Señor: “Hijo de hombre, yo te pongo por atalaya de la casa de Israel; oirás de mi boca la palabra”(Ezequiel 3,17), y proclamó a la gente. ¡Aquí está la ley para tí! Si ves un impío que comete una ilegalidad y no le dices: deja tu ilegalidad y cambia tu camino, “ese impío morirá en su iniquidad; mas Yo demandaré de tu mano su sangre” (Ezequiel 3,18). Al contrario, si declaras al impío que tiene que huir de su camino ilegal y él no huye, entonces ese impío va a morir en su ilegalidad, mientras tú vas a salvar tu alma. De manera semejante, si ves un hombre justo que empieza a tambalearse en su virtud y no cuidas de traerlo al camino recto con tus palabras, entonces ese justo, ya que pecó, va a morir en sus pecados, pero su alma la pediré de tus manos que no lo apoyaron. Pero si avisas al justo que no debe pecar y él deja de pecar, entonces el justo vivirá y tú salvarás tu alma (ved Ezequiel 3, 19-21).
¡Que ley tan estricta! Sin embargo, suena en las conciencias de todos los pastores durante su elección y ordenación, cuando una carga pesada es colocada encima de ellos, el guiar el rebaño de Cristo que Él les confió, ya sea un rebaño pequeño o grande. No solo deben guiarlo, sino también conservarlo. ¿Cómo podría alguien ser tan presuntuoso, para pervertirlo todo en la ley de Cristo, cuando esto supone la destrucción de ambos, pastores y rebaño?
Si la fuerza salvifica de la enseñanza dependiera de nuestra opinión sobre ella y de nuestro consenso hacia ella, entonces tendría sentido que alguien concibiera en su mente el reconstruir el Cristianismo de acuerdo con las debilidades humanas o las exigencias de cada época y adaptarlo de acuerdo con los deseos de su corazón pecaminoso. Pero el poder salvifico de la ley Cristiana no depende en absoluto de nosotros, sino de la voluntad de Dios, del hecho que Dios mismo estableció con precisión el camino exacto de la salvación. Fuera de este camino no hay otra ruta alternativa, ni podría existir. Por tanto, cualquier persona que enseñe de cualquier otro modo, significa que se desvía del camino verdadero y se destruye a sí mismo y a vosotros. ¿Qué lógica existe en esto?
Fijaos cómo de estricto fué el juicio decretado cuando algo similar aconteció a la nación de Israel durante los años difíciles de su cautiverio. Algunos profetas, por lástima de los que sufrían y los enfermos hablaban al pueblo no como el Señor ordenó, sino como les dictaba su corazón. Para ellos, el Señor dio las siguientes órdenes a Ezequiel: “Y tú, oh hijo de hombre, pon tu rostro contra las hijas de tu pueblo que profetizan a su capricho, y vaticina contra ellas. Dirás: Así habla el Señor: ¡Ay de las que cosen almohadillas para todas las articulaciones de los brazos y hacen cabezales de todo tamaño para las cabezas, a fin de cazar y pervertir almas! ¿creéis acaso que cazando las almas de mi pueblo podréis salvar las vuestras?” (Ezequiel 13, 17-18)
Esto significa: ¡Ay! de aquellos que ordenan cualquier tipo de trato especial y sugieren una educación tan blandengue que nadie sienta el más pequeño desagrado, ya sea de los que están arriba o de los que están abajo, siendo indiferentes de si esto es para la salvacion o para la destrucción, de si es agradable o repulsivo para Dios. ¡Ay! de ellos, porqué “así dice el Señor Dios…vuestras almohadillas y cabezales”, es decir, vuestra acaramelada y confortante enseñanza, “con la que cazáis y pervertís almas”, las arrancaré de vuestros brazos, liberaré a las almas pervertidas de vuestra enseñanza y os exterminaré, corruptores (ved Ezequiel 13, 20-21).
Este es el provecho de este trato especial y de indulgencia, ¡tal y cómo deseáis escucharlo de los predicadores! Al poner estas cosas profundamente en vuestros corazónes, no es correcto que queráis que nosotros hagamos cualquier concesión en el dogma cristiano, teniendo el deseo erróneo de complaceros. Por el contrario, vosotros debéis exigirnos persistemente que permanezcamos en el dogma, tan firme y rigurosamente como sea posible.
¿Habéis oído hablar alguna vez de las Indulgencias del Papa de Roma? Mirad lo que son: Trato especial e indulgencia, las cuales él da desafiando a la ley de Cristo. ¿Y cuál es el resultado? Por ellas todo el Occidente está corrompido en la fe y en el estilo de vida, y ahora se está perdiendo en su increencia y en la vida desenfrenada debido a las Indulgencias.
El Papa cambió muchos dogmas, estropeó todos los Misterios (Sacramentos), anuló los cánones relativos a la regulación de la Iglesia y a la corrección de la ética y costumbres. Todo empezó a ir en contra de la voluntad del Señor, y todo fué de mal en peor.
Luego apareció Lutero, un hombre inteligente pero obstinado. Entonces dijo él: “El Papa lo cambió todo como quería; por qué no puedo hacer yo lo mismo?” Entonces empezó a modificar y remodificarlo todo a su manera, y fundó de esta manera la nueva fe luterana, la que apenas se parece a lo que el Señor ordenó y los santos Apóstoles nos entregaron.
Después de Lutero aparecieron filósofos. Y ellos a su vez dijeron: “Lutero ha establecido para sí mismo una nueva fe, supuestamente basada en el Evangelio, pero en realidad basada en su propia manera de pensar; entonces, ¿por qué nosotros no podemos componer doctrinas basadas sólo en nuestra propia manera de pensar, ignorando por completo el Evangelio?”. Así empezaron ellos también a pensar racionalistamente, y a conjeturar sobre Dios, sobre el mundo, sobre el hombre, cada uno a su manera, y mezclaron tantas doctrinas, que si alguien quisiera sólo enumerarlas, su cabeza se marearía.
Ahora los occidentales tienen la siguiente percepción: Cree lo te parezca mejor, vive como te gusta, satisface aquello que cautiva tu alma… Por tanto, no reconocen ninguna ley o limitación, y no se someten al Logos de Dios. Su camino es ancho, todos los obstáculos apartados. Pero el camino ancho conduce a la perdición, como dice el Señor. ¡Allí es dónde nos ha llevado la relajación e indulgencia en la enseñanza!
¡Libéranos, Señor, de este camino ancho!, pues es preferible amar cualquier dificultad que el Señor haya designado para nuestra salvación. Vamos a amar los dogmas Cristianos y a forzar nuestra mente con ellos, imponiéndole que no piense de manera diferente. Vamos a amar la ética y costumbres Cristianas y a forzar nuestra voluntad con ellas, obligándole a levantar el yugo ligero del Señor con humildad y paciencia. Vamos a amar todas las celebraciónes y servicios Cristianos que nos amonestan, nos corrigen, nos santifican. Vamos a forzar nuestro corazón con ellos, impulsándolo a trasladar sus preferencias desde las cosas terrenales y corruptibles a las celestiales e incorruptibles.
Vamos a limitarnos a nosotros mismos como si entráramos en una jaula. O mejor, vamos a arrastrarnos a nosotros mismos, como si pasaramos a través de un paso estrecho. Déjalo que sea estrecho, para que nadie pueda desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Pero, indudablemente, recibiremos mediante este paso estrecho, como recompensa, la realeza de los cielos. Porque esta realeza, como sabéis, es la realeza del Señor. El Señor fijó este camino estrecho y nos dijo: “Id exactamente por este camino y lograréis la realeza de los cielos.”
¿Podría, ahora, alguien dudar de si el viajero va a llegar a su destino? ¿Y qué tipo de mente tendría que tener alguien para empezar a desear cualquier tipo de anulación de los mandamientos, cuando así perdería inmediatamente el camino y él mismo se perdería?
Ya que habéis entendido plenamente esta afirmación, no os aflijáis si alguna cosa en nuestra enseñanza parece estricta. La única cosa que debéis buscar es aseguraros si es del Señor. Y una vez os hayáis asegurado que es del Señor, aceptarla de todo corazón, sin importar cuán estricta u obligada pueda ser. Y no sólo no deseéis un trato especial e indulgencia en el dogma, ética y costumbres, sino que también alejaos de ese trato especial como si estuviérais huyendo del fuego de la Gehenna. De este fuego no pueden escapar los que inventan tales cosas y con ellas arrastran a los débiles de alma para que les sigan. Amén.
29 de Diciembre de 1863
Domingo después de Navidad

7 de enero. Segundo día. Posfiesta de la Teofanía. Peq. Bendición de las Aguas.

7 Segundo día de la fiesta de Epifanía.
Conmemoración del profeta, precursor y Bautista, San Juan.
Sinaxis del Glorioso Precursor y Bautista Juan
Posfiesta de la Teofanía
  
Liturgia de San Basilio
Tit. 2,11–14. 3,4- 7; San  Mt.3,13 – 17

Peq. Bendición de las Aguas:
1 Cor. 10,1 – 4; San Mc. 1,9 – 11
Tono: 7º. Grado: 4ª.


El camino interior. 
El camino de Cristo, nuevo nacimiento 

martes, 13 de enero de 2015

11 de Enero Sexto día de la fiesta de Epifanía. Nuestro Venerable Padre Teodosio, el Grande, el Zenobita.

11 de Enero Sexto día de la fiesta de Epifanía.
Nuestro Venerable Padre Teodosio, el Grande, el Zenobita.


El bienaventurado padre San Teodosio, llamado cenobiarca, que quiere decir padre de muchos monjes, nació en una aldea de Capadocia. Habíase  dado a los estudios, y aún declaraba al pueblo las letras divinas cuando deseoso de la perfección, partió a los santos lugares. En llegando a Antioquía, quiso ver al insigne Anacoreta san Simeón Estilita, el cual inspirado del Señor, le dijo “Teodosio, varón de Dios, seáis bien venido.” Espantóse Teodosio oyendo esta voz, porque le llamaba por su nombre, y porque le honraba con  el titulo varón de Dios. Subió a la columna por orden de san Simeón y echóse a sus pies; oyó sus consejo y todo lo que en adelante le había de suceder; y tomaba su bendición, siguió su camino a Jerusalén, donde adoro y regó con sus lágrimas aquellos Sagrados  lugares de Cristo nuestro Señor que  consagro con su vida y su muerte. Retiróse después a la soledad, y vino a tener tantos discípulos, que labró un gran monasterio, en el cual acogía a los pobres. Aconteció aparejarse en un mismo día cien mesas para darle de comer, y en tiempo de hambre,  como los que tenían a cargo de darles de comer, les cerrasen las puertas, San Teodosio mandó abrírselas y darles a todos lo necesario y el Señor les proveía con tan larga mano que después quedaban las arcas llenas de pan. Era también su monasterio hospital de enfermos a quienes servía y besaba las llagas con grande amor. Había entre sus discípulos hombres ricos y poderosos, militares y sabios, de los cuales salieron muchos obispos y superiores;  de suerte que cuando murió el santo, habían ya fallecido seiscientos noventa y tres de sus discípulos. El emperador Anastasio que aborrecía a los herejes Acéfalos, les envió una buena cantidad de oro para sus pobres: aceptóla y repartióla el santo,  pero escribió al emperador,  que ni el ni los suyos consentirían con los herejes aunque la vida le costase. Fuese luego viejo como era, a predicar sin temor alguno por las ciudades de aquellos herejes que condenaban el concilio de Calcedonia; y subiendo una vez al púlpito, hizo señal al pueblo que callasen y dijo: “El que no recibiese los cuatro concilios generales, como los cuatro evangelios sea maldito y excomulgado. Entonces el emperador  le desterró, pero duró bien poco el destierro, porque  el monarca hereje cayo muerto, herido por un rayo. Y Teodosio volvió de su destierro, glorioso y triunfante. Muchos fueron las obras admirables que hizo este varón de Dios en su larga vida, muchas veces multiplico el pan, anunció el terremoto que asoló la ciudad de Antioquía, y lleno de meritos y virtudes, descanso en la paz del Señor a la edad de ciento cinco años. Honraron su cadáver el patriarca de Jerusalén con otros obispos y multitud de monjes, clérigos y seglares.
Reflexión: Enseñaba el santo a sus discípulos por primer principio de la vida religiosa, que tuviesen siempre la memoria de la muerte presente, y para esto mando hacer su sepultura para que su vista les acordase que había de morir. Aprende tú esta utilísima lección, visitando algunas veces la morada de los difuntos. Allí verás en que paran todas las cosas del mundo, y entenderás cuán necios son, los que pasan en vanidades y locuras el breve tiempo de la vida mortal; y cuan sabios, son  que los emplean en servir a Dios, y alcanzar la vida eterna. Bien miradas todas las cosas, todo el  negocio del hombre se reduce a morir santamente. Mas para ello, haz aquello que quisieras haber hecho cuando mueras.

Oración: Rogámoste, Señor, que nos recomiende la intercesión del bienaventurado Teodosio, abad, para conseguir por su  patrocinio  lo que no podemos lograr por nuestros meritos. Por Jesucristo, nuestro  Señor. Amíñ.