martes, 17 de diciembre de 2013

Los caminos de la mística



Los caminos de la mística



San Serafín de Sarowsky
Fr Estephanos
Con la oración de quietud no acaba una experiencia de Dios, siempre  es mayor. La contemplación pasa por periodos de luz y de oscuridad – toda historia de amor tiene altos y bajos, hacia una sencillez mas profunda. El alma siente con fuerza creciente no ser ella la que obra, sino Dios. Esta manera de orar se llama mística, que indica la cercanía del poder y amor de Dios. La historia nos muestra que la cercanía mística ha sido núcleo de irradiación  de una actividad amplia y bienhechora, “sin mi nada podéis hacer”.  Es el proceso que se describe en el libro de Isaías capítulo 6: una experiencia mística que brotó en la vida entera y el hablar entero del profeta. Este capitulo sexto reproduce con imágenes exteriores el momento inolvidable que es fuente interna de todo el libro de Isaías: el profeta ante el acatamiento de Dios. Y en todas las liturgias de la cristianismo sigue aún resonando, pues en todas las misas de Oriente u Occidente comienza el canon por el “Santo, santo, santo”, de esta experiencia de lo  divino.
En el curso de la historia de la Iglesia abundan los grandes hombres y mujeres que se han esforzado  en consignar por escrito las experiencias  místicas que recibía. En algunos como Agustín, Gregorio y Bernardo, no parece que sus gracias de oración fueran acompañadas de fenómenos extraordinarios: otros como Santa Teresa de Jesús y San  Juan de la Cruz, los experimentaron sin duda, por ejemplo no ver, no sentir con su propio cuerpo. Los místicos que experimentaron  estas  cosas refieren muy poco o caso nada de ello  y están convencidos que lo esencial no está en tales síntomas extraordinarios, considerándolas muchas veces como un verdadero obstáculo. En una ocasión, santa Angela de Foligno trataba de explicar a su confesor fray Arnaldo que comprendiera la imposibilidad de explicarle sus experiencias místicas, pues decía que cuanto más conocía a Dios menos podía hablar de Él. El confesor la estimulaba a explicarse mejor y ella le dijo: Padre, si viese lo que yo veo  y luego tuviera que subir al púlpito a predicar, le digo lo que haría. Se detendría un momento, luego, mirando a la gente diría: Hermanos, id con la bendición de Dios, porque de Dios hoy no sé deciros nada y bajaría del púlpito en silencio.” La cultura propia influye, en todo caso indican las potentes fuerzas que actúan.
Pero los grandes místicos  describen como la gracia suprema de oración no tiene nunca nada que ver con estos fenómenos. Es de sublime sencillez  Santa Teresa escribió un libro en que el alma está representada por un castillo con siete moradas. Morada tras morada, se llega a la séptima que mora Dios, es decir Cristo. Su presencia se percibe en todo el castillo pero al llegar el alma al centro, inmensa en al profunda realidad, se siente profundamente invadida por el sentimiento sereno de que Dios está en ella. ([i])
El alma vive dentro de la realidad terrena que se presenta magnifica ante ella, pues comprende entonces que Dios es la corazón inefable de la realidad. Podemos decir que  son  frutos que Dios puede conceder aquí en la tierra a algunas almas privilegiadas son las experiencias místicas: visiones, éxtasis, arrobamientos, locuciones interiores, estigmas, revelaciones privadas, bilocación, ayunos prolongados, sudor de sangre, perfume sobrenatural, etc.
¿Es siempre la experiencia mística una vivencia espiritual?  Ningún místico se considera desligado de los hombre,  además la mística florece en el ambiente de piedad, en los que hay otros en la búsqueda de Dios, por el camino y hablan entre si sobre sus hallazgos.
Rara vez encontramos una descripción del éxtasis, san Agustín, cuenta en sus confesiones una intensa experiencia  de Dios , habida  juntamente con su madre durante su estancia en Ostia, puerto de Roma.  En el Pentecostés, en apariciones de la Pascua, aunque sean muy singulares se separa la historia de a mística, lo que al fin cuenta es el contacto con el perceptible Señor resucitado.
Queda muy claro entonces para el ortodoxo que  la máxima experiencia mística es precisamente la de Jesús en la Cruz. La mística auténtica nunca es evasión de la realidad sino al contrario, la aceptación con alegría de los designios de Dios. ([ii])
La mística no va de la mano con la santidad, es decir con la caridad en grado máximo, muchos santos ni experimentaron  los fenómenos místicos; personas menos santas experimentaron copiosamente.
Existen creyentes, ejercen su bondad, y en el designio de Dios les haga el regalo de una profunda y serena alegría en su oración, por ejemplo Berthe Petit (1870-1943) fue una gran mística belga, un alma víctima. Desde que tenía 15 años se acostumbró a pedir a Jesús, en cada misa a la que asistía, que hiciera santo al sacerdote que celebraba la misa. Cuando tenía 17 años, pensó en hacerse religiosa, pero su director espiritual le dijo que su vocación era quedarse en el mundo a cuidar a sus padres ancianos y enfermos. Ella aceptó esta situación con sacrificio y cada día le pedía a Jesús por intercesión de María que, en lugar de su vocación, llamara a alguien para ser sacerdote santo.
Sine dolore non visite in amore: “sin dolor no se puede vivir en amor.” el que accede a la luminosidad , pasa necesariamente por el valle de las sombras,  pasando por terrenos altos bajos y diferentes climas,
Orar no es un pasatiempo, el amor es sometido a prueba en el sentido de  dar lo mejor usando la Salmodia, no hemos imaginado estas pruebas como extraordinario, cantamos aunque hubiera que andar por los valles sombríos de la muerte, ningún mal temería pues estas Tu conmigo,  (Gal 23, 4). Es el oficio divino, sin embargo, el que facilita, toda la oración y proveía su expansión. La unión del alma con Dios en contemplación profunda que se caracteriza por una profunda conciencia de la presencia divina. El silencio, la humildad, un corazón contrito,  y gran paciencia, tiene una variedad de grados, que no necesariamente ocurren en sucesión: Las dos noches del alma (noche de los sentidos y noche del espíritu) que anteceden a la unión mística, la oración de silencio, la unión plena, éxtasis y matrimonio espiritual. Toda esta oración necesita de la meditación y por  lo tanto de la separación del ruido y tumulto de la vida secular; implica el ascetismo, por lo tanto el ayuno, vigilias y la progresión entera de observancia monástica tiene como fin llegar a un estado de deificación Un cierto tedio (taedium), aburrimiento, hastío,  generado por la continuidad y monotonía de la vida regular, por el espíritu de acedia. ([iii]) Llegó a ser una de las formas de la mortificación que uno debía aceptar generosamente. El trabajo, la tierra, el estudio, la realización de Iconos,  y sobre todo la vida en comunidad, es una parte de la vida diaria, donde con equilibrio entre la quietud y el ocio  ordena a la imaginación y empuja la esperanza, ambas miran a la Jerusalén celestial. El trabajo interno, la oración y el trabajo manual,  S E Rev. Francisco De la Caridad enseña que: “el fin mayor es trabajar, no solo con la mente sino con las manos, para cansarse y poder recuperarse en el sueño rehabilitador  y así la mente reposara solo en Dios.”  Nuestro Padre Celestial impregna nuestra mente con la ida de la encarnación, desciende la encarnación a nuestra mente. Aprendemos que primero Cristo se hizo audible en la palabra, nos habla El Eterno por las Escrituras en las homilías y sermones, lo vemos en los Santos y Vivificantes Dones, lo saboreamos al comulgar, y es perceptible en los iconos, cristificando nuestra imaginación. El uso adecuado, en el arreglo de Dios de nuestras facultades perceptivas, abrirá el canal de oración en la buena actitud y actividades pías, en relación con Dios. La oración en el anhelo para que toda actividad despierte la “relación con”, el conocer en la familiaridad y traduciéndolo en la experiencia del amor. Por la encarnación, Cristo coloca en sintonía el alma y el espíritu, entonces  los caminos de la mística no solo es para el monje sino para todo aquel ortodoxo fiel a su vocación pudiendo alcanzar la visión de Dios. Francisco De la Caridad dice que  se puede vivir una vida celestial aquí en la tierra aún en la habitación y en las palabras de Nicolás Cabasilas:
"Cada uno puede continuar ejerciendo su arte o profesión. El general puede continuar mandando, el campesino labrando el suelo, el obrero en su oficio. Nadie necesita desistir de su empleo habitual. No es necesario retirarse al desierto, o comer alimentos desacostumbrados, o vestirse de forma diferente, o arruinar la propia salud, o hacer cualquier cosa temeraria; puesto que es totalmente posible practicar la meditación continua en la propia casa sin renunciar a ninguna de las posesiones."
En la oración de quietud, como advertimos no acaba porque queda abierta, en el acatamiento de Dios, preservado en el interior secreto de la quietud, aún en medio de la ciudad, llevando el jardín de Dios  en medio de lo cotidiano.





[i] El Espíritu Santo es parte indispensable de toda santificación, porque es el santificador; y el Padre es la fuente y fin de toda vida y de todo amor. Por eso, la unión transformante con Jesús es, a la vez, con el Padre y el  Espíritu Santo. Es, como dicen algunos místicos, llegar a ser UNO con la Trinidad, es como transformarse en la Trinidad; es, de alguna manera, como trinificarse, hacerse UNO con ella.

[ii] De la Caridad, Francisco., reunión anual de la Hermandad de los Nazareos.
[iii] Escribe el Dr Archidiácono  Aroldo Baasil,  vicerrector del Monasterio …….. “Todo buen  cristiano,  en su vocación  va a luchar no sólo contra las pasiones desordenadas sino también contra los "pensamientos" (logismoi),que apenas emergen primeramente en la conciencia y mucho antes de que hayan resultado en acciones externas o echado raíz como pasiones. Evagrio nos  entrega una lista de los ocho malos "pensamientos" básicos que, después de ciertas modificaciones, llegó a ser el catálogo de los siete "pecados capitales" corriente en el Occidente medieval. La lista en Evagrio es: gula, codicia, avaricia, melancolía (lypi), ira, desesperación o negligencia ("acedía," akedía), vanagloria y orgullo. El aspirante, vigilando sobre su corazón, creciendo en tal contemplación la mente humana debe elevarse por encima de los conceptos, de las palabras, y de las imágenes — por encima del nivel del pensar discursivo — de tal manera de aprehender a Dios intuitivamente a través del simple "mirar penetrantemente" o del "tocar." Como lo expresaba Evagrio, la mente debe llegar a estar "desnuda”, “vaciada”,  pasando a la unidad más allá de la multiplicidad y de la manifestación. Su meta es la "oración pura," la oración que es no sólo moralmente pura y libre de pensamientos pecaminosos sino también intelectualmente pura y libre de todo pensamiento inútil. De acuerdo con esto escribía: "Cuando estás orando, no formes dentro de ti ninguna imagen de la divinidad y no permitas que tu mente sea estampada con la impresión de ninguna forma; aproxímate en cambio a lo Inmaterial de una manera inmaterial... La oración significa el desprenderse de los pensamientos... Bendito el intelecto que ha adquirido la completa libertad de las sensaciones durante la oración." Y cual es la solución Una de las prácticas de la ascesis del desierto menos comprendidas era la "manifestación de los pensamientos." Si algo se aproximaba a una técnica de guía, era esta práctica. Ha sido descrita como una "espiritualidad de abrir el propio corazón." El discípulo era invitado a dar conocer al anciano espiritual todo lo que iba pasando interiormente. Tenía un significado mucho más amplio que la confesión sacramental. La meta no era la absolución de la culpa sino más bien un aumento en el discernimiento acerca de las inclinaciones de la voluntad profunda en la personalidad de uno. La exagoreusis traía un auto-conocimiento verdadero y daba la oportunidad al anciano carismáticamente dotado de ser un médico para el alma. Cuando Juan Casiano escribía sobre la necesidad de "llevarles [a los ancianos] todo pensamiento que surge en nuestro corazón," la razón que daba era que "la serpiente mala de la caverna subterránea oscura debe ser soltada; de otra manera, se pudrirá." Hay una obvia sabiduría psicológica en esta práctica, y nunca era realizada bajo compulsión. La exagoreusis habilitaba también al joven asceta a tomar una mayor conciencia de la naturaleza dispersa de los "pensamientos" (en griego, logismoi) y lo ayudaba a aquietar la mente para lograr la paz interior del corazón (en griego, hesyjía). La finalidad era llegar a ser una persona de un solo pensamiento (en griego, monologistós), una persona centrada en la conciencia de Dios. La exagoreusis no era una descarga indiscriminada de la propia alma a un oído dispuesto. Abba Poemen advertía: "No abras tu alma a cualquiera en quien no confías en tu corazón." La exagoreusis era una práctica que llegaba naturalmente, puesto que dimanaba de la confidencia y de la confianza profunda.
prognosis (provgvwsi", 4268), es el  conocimiento anticipado (similar a proginosko, véase antemano, Nº l). Se usa solo del conocimiento anticipado que posee Dios (Hch 2.23; 1 P 1.2). El conocimiento anticipado es un aspecto de la omnisciencia; está implicado en las advertencias que da Dios, en sus promesas y predicciones. Véase Hch 15.18. El conocimiento anticipado de Dios involucra su gracia en elección, pero no anula la voluntad del hombre. Él conoce anticipadamente el ejercicio de la fe que conlleva salvación. El Apóstol San Pablo destaca especialmente los propósitos reales de Dios más que la base de los propósitos (véase, p.ej., Gl 1.16; Ef 1.5,11). Los consejos divinos jamás se podrán torcer. f. prokatangello, ANTEMANO, Nº 4; también ANUNCIAR.



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